¿Atrapado Con Sus Pantalones Abajo? La Psicología de la Vergüenza
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Mark Twain una vez dijo "El hombre es el único animal que se sonroja. O necesita hacerlo." La vergüenza es una emoción poderosa de la cual ninguna persona es inmune en cualquier cultura. Aunque no existe registros de muertes a causa de ella, con frecuencia muchas personas que son atrapadas con miradas imperturbables en momentos de mortificación han deseado una muerte rápida y misericordiosa.

Justo antes de que un diplomático con una carrera británica muy apropiada fuera a dar un discurso, vio que su bragueta estaba abierta. Rápidamente se sentó de nuevo y se subió el cierre pero atascando su corbata de seda en los diminutos dietes metálicos.

Cuando se levantó de nuevo, apretó su corbata alrededor de su cuello y comenzó a hacer ruidos de sofocación y sibilancia. Algunos pensaron que estaba teniendo un ataque cardiaco. Finalmente, su anfitrión cortó la corbata con tijeras, pero todos lo ojos en la sala quedaron fijos en la escena.

Totalmente nervioso, el diplomático salió corriendo de la sala con un pequeño pedazo de corbata colgando de su bragueta y otro pedazo rechoncho oscilando desde su cuello. En el lapso de unas cuantas horas, toda la comunidad diplomática escuchó la historia de la corbata atorada en el cierre. Desde ese momento, siempre que se encontraba en negocios oficiales, las personas miran fijamente sus bragueta y generalmente se reían. Con dicha imagen dañada era difícil tomarlo en serio, así que regresó a su patria donde esperó en la oscuridad a que se desvaneciera el recuerdo de esa equivocación.

Vergüenza: Le Sucede a Todos
Las fuentes de la vergüenza suceden en cualquier momento y cualquier lugar. Las braguetas abiertas pueden ser una fuente de indignidad en cualquier parte del mundo. Oradores pierden sus lugares en discursos importantes. Trozos de comida masticada se llegan a adherir a las sonrisas. Papel de higiénico de forman colas desde los zapatos. Dentaduras postizas vuelan desde sus bocas, peluquines se desprenden de cabezas calvas. Lenguas traicionan constantemente a sus propietarios como el Reverendo de Oxford quien se paró en una ocasión real para ofrecer un brindis a la Reina Victoria al decir, "Dejenos beber con el viejo raro Deán."

En la vida diaria, generalmente nosotros los mortales de menor rango nos avergonzamos en cualquier momento donde parecemos tontos, lerdos o incompetentes ante el público. Cualquiera que sea la fuente, la vergüenza puede pararlo en seco, de acuerdo con Edward Gross, PhD, un profesor de emeritus de la University of Washington en Seattle quien ha estudiado la condición durante dos décadas.

Además, la vergüenza puede minar la confianza de sí mismo, arruinar las carreras prometedoras y destruir las relaciones, negocios o incluso una vida.

Justamente el miedo a la vergüenza es poderoso. El Dr. Gross se interesó por primera vez en el tema cuando dio clases a una pequeña universidad dirigida por un presidente totalmente incompetente. Capas del personal rodeaban e insultaban a la persona superior y realizaban sus funciones por él. Cuando el Dr. Gross les preguntó por qué no intentaban encontrar a una persona capaz, el personal respondió que sería demasiado "vergonzoso" para todos los involucrados.

Elementos Clave los Cuales Llevan a la Vergüenza
Los expertos en el comportamiento humano que estudian los momentos mortificantes dicen que deben existir cuatro condiciones antes de que nos sonrojemos.

Primero, debe haber una falla por la cual se sienta responsable. Después, la falla ocurre de repente, sin tiempo para prepararse o ajustarse. "Y generalmente se lleva a cabo en público," dice Domeena Renshaw, MD, profesora de psiquiatría de Loyola University en Chicago. "Su cara se pone roja debido a que la conmoción aumenta instantáneamente la presión arterial, la cual ayuda a que más sangre llegue al cerebro para asistirlo a resolver el predicamento en el cual se encuentra." La última condición: debe valorar la opinión de otras personas que son testigos de su equivocación.

"Tenga cuidado con la persona que no puede avergonzarse," dice el Dr. Gross. "Esa extraña persona podría considerar su posición, inteligencia y estado tan majestuoso, no le importa lo que piensen lo demás."

Pero a pesar de la equivocación, su momento más vergonzoso probablemente no es tan malo como piensa.

Algunas Conclusiones Sorprendentes de la Investigación
Andre Modigliani, un profesor de sociología en la University of Michigan, Ann Arbor, una vez tomó parte de un experimento sobre la vergüenza. Una enorme pirámide de papel higiénico se amontonó con el fin de que cualquier persona que pasara se cayeran encima de ella. Después investigadores entrevistaron a las personas avergonzadas que se cayeron, así como también a los compradores que sólo miraron. Los sujetos que tocaron las pilas de papel dijeron que los espectadores asumían que eran unos tontos incompetentes.

Pero cuando los investigadores les preguntaron a los testigos lo que pensaban sobre las personas que representaron las exhibiciones, la mayoría respondió que fue un simple accidente que le podrían pasar a cualquiera.

"Una de las soluciones para escapar de la vergüenza es darse cuenta que otras personas no siempre lo ven como una imagen negativa cuando comete un error en público," dice el Profesor Modigliani. "La mortificación en la mayor parte está en su propia mente. Estudios revelan que las mayoría de los espectadores en realidad son muy comprensivos cuando otras personas se avergüenzan a sí mismas."

El Dr. Modigliani realizó otro estudio académico sobre por qué algunas personas se sienten más avergonzadas que otras." Encontró que las personas tímidas con altos niveles de empatía (la capacidad de imaginar cómo podrían sentirse otras personas) pueden avergonzarse con más facilidad.

Otra dimensión de la personalidad que se avergüenza con facilidad fue la tendencia de una persona a creer que otras personas lo ven como una persona de algún modo inepta. "Si si se pierde la empatía o la creencia sobre la ineptitud, la persona no se avergonzará con facilidad," dice el Dr. Modigliani.

Y, si existe cualquier duda de que el 99.9% de la vergüenza está en su propia mente, considere el ejemplo de actor británico Richard Harris que cantaba el papel de Rey Arturo en Camelot dos veces al día durante siete meses. Una tarde, Harris olvidó la letra de una canción. Se detuvo a media canción, interrumpió la orquesta y fue a la orilla del escenario donde dijo con su acento británico musical: "¡Cuatrocientas veintiocho representaciones y he olvidado la letra de la canción! ¿Lo pueden creer?

Debido a que la mayoría de las personas se siente comprensiva hacia otras personas que quedan atrapadas en la agonía de la vergüenza, Harris recibió una ovación de pie. Después alguien le indicó la letra de la canción, la orquesta comenzó de nuevo a tocar y terminó el musical con alto estilo y gracia.

"Investigación muestra que las personas que se avergüenzan, simplemente lo admiten y después siguen incondicionalmente, son bien queridas," dice el Dr. Gross. Eso los hace ver más humanos. "Cuando admite la vergüenza, demuestra que el incidente no es vergonzoso. Ni demuestra ningún defecto en su carácter. Sólo demuestra que el incidente vergonzoso no fue nada más que un breve fallo," él dice.

El resultado: usted puede guardar las apariencias fácilmente después de una equivocación encogiendo los hombros y diciendo, "Oh bueno, así es la vida," o "¡Me equivoque! ¡Estoy muy apenado!"




Fuentes Adicionales:
American Psychological Association


FUENTES DE INFORMACIÓN CANADIENSES:
Canadian Psychiatric Association

Canadian Psychological Association

Referencias:
Modigliani A.Embarrassment and embarrassability. Sociometry. 1968;31:313-326.

Modigliani A. Embarrassment, facework, and eye contact: testing a theory of embarrassment. J Pers Soc Psychol. 1971;17:15-24.

Last Reviewed February 2010



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